El divorcio generó en Mario una actitud evasiva y rebelde, parecida a la adolescencia. Luego de varios años de soledad recupera el contacto con Gabriela, su hija quinceañera, a la cual había abandonado desde la separación. La ausencia de normas en la vida de Mario le llega a la hija como un desahogo, harta de las reglas maternas. Éste aprovecha la presencia de ella y de sus amigas para usarlas en sus guiones de miniseries juveniles para la televisión. Todo lo hace desde una cómoda distancia hasta que conoce a Karla, la más reciente amiga de Gaby.
La convivencia de los tres dentro del apartamento de Mario, produce una serie de situaciones que indagan en el asunto del sexo como vía para el conocimiento de sí mismos, así como generador de intensas batallas por el manejo del poder; pero también en la consciencia del paso del tiempo y del miedo a la muerte...